Enfoque

Martes, 18 de Agosto de 2009

ENFOQUE DE INVESTIGACIÓN

Nuestro enfoque de investigación se sustenta en la comprensión de las identidades territoriales a partir de dos nociones centrales: desarrollo humano y democracia regional.

En ese sentido, entendemos al desarrollo humano como el proceso mediante el cual la persona humana se hace sujeto y beneficiario efectivo de las transformaciones sociales e históricas que están marcando en la actualidad nuestra época (PNUD, 2002). Ello no implica un proyecto o un modelo de desarrollo determinado, sino que se trata más bien de un modo de enfocar la vida social. De esta forma, planteamos al desarrollo humano como una perspectiva que nos permite aproximarnos a los sueños e imaginarios colectivos de región, ello con el objeto de hacer frente a los desafíos del presente, pues la ausencia actual de un imaginario colectivo o sueño de región tiende a desdibujar las memorias colectivas, los afectos y las pertenencias territoriales, en sus diversas escalas geográficas.

Parafraseando al PNUD (2002), sin una imagen de región, sin un relato compartido de región, sin una experiencia práctica pero también simbólica de ser parte de un Nosotros, es muy difícil fundar geografías humanas compartidas, tramas sociales fuertes y sustentables en el tiempo y el espacio. Y en ese sentido, la tarea de la presente investigación y de su modo particular de enfocar las diversas y complejas realidades regionales se encuentra fuertemente orientada por la construcción de un imaginario de región, donde sea posible comprender las experiencias sociales compartidas, visibilizar sus tensiones y proponer los desafíos para los diferentes modos de vida que se inscriben en la región, teniendo como horizonte la construcción de una cultura más inclusiva, democrática y descentralizada en el nivel regional.

Así, la pregunta que retomamos del enfoque de desarrollo humano es por los sentimientos y las emociones que nos permiten experimentar las pertenencias territoriales, con el objeto de convocar a las biografías a ser parte de un proyecto colectivo y participativo.

SOBRE IDENTIDADES Y TERRITORIOS

En contexto social y cultural actual se encuentra fuertemente marcado por el fenómeno de la globalización, entendida esta última como un proceso histórico social de vastas proporciones, que rompe y recrea el mapa del mundo, sus territorios y fronteras, los regímenes políticos y los estilos de vida, donde las culturas y las civilizaciones parecen mezclarse, tensionarse y dinamizarse, al igual que las cosas y las personas, tornándose volátiles y desterritorializadas. Para Octavio Ianni (1998),  estaría en curso una nueva totalidad histórico-social, cuyo rasgo básico lo constituye su condición abarcadora y envolvente, pues incluye lo geográfico, lo ecológico y demográfico, lo económico, lo político y lo cultural. En ese sentido, para el autor brasileño el globalismo comprende relaciones, procesos y estructuras de dominación y apropiación que se desarrollan en escala mundial y que están implicando ajustes y desajustes, integraciones y fragmentaciones, flujos e influjos mutuos, donde todas las realidades sociales, desde el individuo a la colectividad, pasan a estar influidas por el movimiento del globalismo, pero también a influirlo desde sus particulares localizaciones y especificidades territoriales.

Por todo lo anterior, las identidades surgen como respuesta a la diversidad de la humanidad, es una condición presente a lo largo de la historia, que ha traspasado todos los tiempos, todas las sociedades y el interior de ellas. Para Bengoa es el capital cultural con el que contamos, aún cuando, sea una construcción de ontogénesis que se inicia con los procesos de endoculturación y socialización, las identidades no logran fijarse con el tiempo, porque permanentemente van cambiando. Por tanto “la identidad” es un proyecto futuro, en el sentido que se aparece como una visión, algo que se pretende alcanzar. En este proyecto de construcción, los otros son cruciales para la fundamentación del nosotros. En este sentido, podemos decir que una de las principales preguntas que mueve este estudio es precisamente esa definición del “nosotros y los otros”, en tanto grupos, identidades colectivas, sus vínculos o no con un territorio, qué tipo de territorio, espacio o soporte y un discurso en torno a una identidad regional.

En este contexto, se reconoce en la actualidad la imposibilidad de hablar de la identidad como esencia, características o cualidades fijas e inmutables; donde ésta ya no puede ser reconocida como un conjunto de hechos objetivables, más allá de su valor real como incierto nudo de instancias, irreales entre sí, inencontrables por separado (Delgado, 2007:261). Sino que más bien la identidad se ha trasladado al campo de las construcciones relacionales, donde la diferenciación étnica es más un resultado, una forma de categoría adscriptiva, de  interacción de un grupo con otros grupos.

En este marco, destacamos el concepto de place-identity (Proshansky, 1976, 1978; Kaminoff, 1983). La identidad de lugar es considerada como una subestructura de la identidad de self (yo) y consiste en un conjunto de cogniciones referentes a lugares o espacios donde la persona desarrolla su vida cotidiana y en función de los cuales el individuo puede establecer vínculos emocionales y de pertenencia a determinados entornos. Estos vínculos son tan importantes como los que se establecen con los diferentes grupos sociales con los cuales el individuo se relaciona. En la base de esta estructura se encuentra el “pasado ambiental” del individuo así como los significados socialmente elaborados referidos a estos espacios que la persona ha ido integrando en sus relaciones espaciales. Este “depósito cognitivo” que configura la identidad de lugar permite a la persona reconocer propiedades de los entornos nuevos que se relacionan con su “pasado ambiental”, favorecer un sentido de familiaridad y la percepción de estabilidad en el ambiente, dar indicios sobre cómo actuar, determinar el grado de apropiación o la capacidad para modificar el entorno y, por último, favorecer un sentimiento de control y seguridad ambiental.

“El territorio entonces, no puede de ninguna manera considerarse como contenedor de hechos sociales, como mero escenario o telón de fondo en el que se desarrolla la acción. El territorio se nos aparece como una construcción social en la que se entretejen lo material y lo simbólico, que se interpretan para dar forma y sentido a la vida del grupo, que se esfuerza por transformar mediante actos de apropiación –inscribir en el territorio las huellas de la historia colectiva- el espacio anónimo en un espacio próximo pleno de sentido para él mismo” (Reguillo, 1996:78).

Con lo todo lo anterior, la discusión sobre la identidad territorial en la era global se vuelve mucho más jabonosa que sólo plantearse una relación o vínculo de los individuos con determinados espacios físicos –geográficos.  Porque la idea de territorio desde una definición más clásica no logra representar la complejidad del mundo moderno y global. Los espacios están dotados de dinámicas, que incluso no siempre tienen referentes concretos, ni se traducen en territorialidad. Y más aún cuando enfrentamos una identidad nacional fragmentada, difusa pero presente. Y la región del Bío Bío, con una identidad que obedece más a las identificaciones globales y locales que regionales, por tanto con mucha dificultad de construcción de proyectos comunes.

NUESTROS CAMPOS DE EXPLORACIÓN IDENTITARIOS

En base a la experiencia y la información desplegada en el Seminario taller sobre Identidad Regional realizado durante el mes de abril del 2009, se optó por construir una matriz metodológica de búsqueda que permita operacionalizar las reflexiones, indagaciones y sucesivos hallazgos sobre la Identidad Regional. Lo anterior se traduce en la organización de lo que el estudio denomina Campos de Exploración Identitarios en el contexto de la Región del Bío-Bío. Estos campos de exploración no constituyen nichos estancos y ni abstracciones sin historicidad, pues se trata de campos dinámicos y provisorios, donde lo determinante está asociado con los rendimientos de orden metodológico. No obstante lo anterior, estos campos tienen un sustento teórico y una base empírica de contrastación ligada a los hallazgos del Seminario antes aludido y a la propia experiencia e investigación desarrollada a nivel Regional por el equipo de profesionales que se encuentra involucrados en el presente estudio.

CAMPOS DE EXPLORACIÓN:

a)  Identidades étnico-nacionales, en este grupo se encuentran aquellas identidades que comparten una etnicidad o nacionalidad determinada; que posea una base histórica y vínculos territoriales. Entre éstas podemos mencionar las identidades mapuche - lafquenche y pewenche, como también las minorías nacionales por efecto de la inmigración o colonias de descendientes de inmigrantes, etc., como lo serían las familias de chilenos descendientes de inmigrantes alemanes en Contulmo.

b)  Identidades socio-productivas, aquellas identificaciones configuradas principalmente por un ejercicio económico preponderante, que se ha efectuado en el pasado como en el presente. Estas identidades son fácilmente reconocibles en los territorios, aún cuando algunas de éstas son móviles por efecto de traslados de las producciones dentro de la región, por ejemplo el caso de los temporeros y recolectores. También son reconocibles incluso en aquellos casos donde la actividad productiva que las originó ya no existe, como la minería del carbón.

c)  Identidades urbanas, en este ámbito encontramos a todas aquellas identificaciones que no necesariamente presentan una historia de larga data, que no obligatoriamente están determinadas por un quehacer económico productivo, o una condición étnica-nacional, sino que más bien, responden a dinámicas de diferenciación, de vindicación como comunidades imaginadas, a partir de otros referentes. Estas identidades se visibilizan como respuestas a los procesos de modernización y globalización de las últimas décadas. Algunas de las cuales tienden a ser nominadas minorías, no por su número sino por su posición dentro de las esferas de poder. Su vinculación con el territorio no necesariamente responde de la misma manera que las identidades socioproductivas o culturales planteadas, sino que más bien, sus referentes son sus cuerpos que se desplazan por la región y los territorios libremente.  Aún cuando los espacios de mayor visibilización de estas identidades son los espacios urbanos y semi-urbanos, entre todas ellas nos vamos a detener en las identidades, barriales, mundos juveniles, sexuales, etc. De este modo, entendemos lo urbano como un experiencia espacio-temporal asociada preferentemente con la heterogeneidad en las formas de vida, la densidad socio-espacial, la cultura de la movilidad, la translocalización de las dinámicas subjetivas, entre otros aspectos, y que en general tienden a co-existir simultáneamente en un espacio social y de tiempo determinado.

d)  Identidades de Género, aquí nuestra mirada se centrará en reconocer la condición sexuada de los sujetos con los cuales estamos trabajando a fin de visibilizar desde sus experiencias cotidianas como construyen identidades marcadas por los aprendizajes socioculturales de género. Esto significa incorporar el Género como una categoría analítica, que nos permita cruzar la condición sexuada construida desde los anclajes socioculturales y marcados por una historicidad concreta, en los distintos ámbitos de análisis. Este aspecto es fundamental porque si bien nos interesa recoger discursos y experiencias colectivas, debemos ser capaces de reconocer los matices que esos discursos más homogéneos tienen y fundamentalmente no colonizar (en el sentido de imponer) los discursos de los y las actores sociales por la incapacidad analítica de los y las investigadores/as para incorporar las diferencias concretas y subjetivas de hombres y mujeres con las que estamos trabajando.

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